Pausa
Julio 27th, 2008Tengo muchas ganas de que acabe este domingo. Son las once de la noche así que podemos pretender que así es. Decidí no ir al funeral de la abuela de Nuria y el tema me ha torturado cada hora, la última vez que la vi fue hace mucho mucho tiempo, cuando menos siete u ocho años, sin embargo me contaban que a pesar del cancer me recordaba perfectamente.
Atinadamente, cada verano muere la abuela de alguna persona que yo quiero mucho, esta vez tuve que escapar del ritual de ver en condiciones fúnebres a las personas que he extrañado. Me he sentido irresponsable. Aunque los funerales siempre me ha parecido atractivos, uno jamás articulará las palabras correctas, además contarse la vida con los amigos vestidos de negro y mientras se toma el peor café de la ciudad no es algo que tuve ganas de hacer este domigo, que como Watanabe, yo los domingos no me doy cuerda.
He recibido mi última dosis de Tokyo Blues de Murakami, acontecimiento que motivó este momento de escritura para escapar del final. Cuando estoy por acabar un libro me siento como desprotegida, como si mi propia historia terminara con la del protagonista. En este momento me parece que después de la última página y ese temible último párrafo me arrojaran de nuevo al mundo sin armas, sin la seguridad de que algo amortiguará la caída. Probablemente se trata de un disparate de angustia existencial y sucederá lo contrario, en el mejor de los casos los personajes permanecen en la memoria y el pasar de los años se confundirán con alguno de los viajes realizados con personas de verdad.
Tengo calor, he dormido itinerantemente y no sé si podré dormir esta noche tan poco oscura.
















